martes, 23 de octubre de 2007

Cómo hacer una instalación limpia de Windows 98

Windows se puede instalar de dos formas: a) sobre una versión de Windows ya existente o b) haciendo una instalación nueva. La primera opción puede ser una actualización (de Windows 98 a Windows Me, por ejemplo) o una instalación encima del mismo sistema operativo (instalar Windows 98 SE sobre Windows 98 SE, por ejemplo). En estos dos casos, el proceso de instalación tratará de conservar el mayor número de datos del usuario como son los programas que utilizaba, los drivers de sus dispositivos o su configuración de Internet. La opción b), en cambio, es una instalación limpia: el proceso de instalación no conservará ningún dato del usuario.
La instalación del tipo a) aunque conserve la configuración y datos del usuario tiene la desventaja de conservar también gran parte de los errores. Esto significa que si Windows no arranca (probablemente por culpa de un controlador VXD defectuoso) y lo reinstalamos encima, Windows seguirá sin arrancar. O si Windows funciona lento (debido a restos de instalaciones de programas) y reinstalamos Windows, seguiremos con la misma lentitud. Necesitamos hacer una instalación limpia.
Nuestro propósito en este artículo es hacer una instalación del tipo b) pero tratando de conservar las configuraciones más habituales. Demostraremos también que una instalación limpia no implica formatear el disco duro.

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